 Cuando Maria del Mar Bonet dejó Mallorca para irse a vivir a Barcelona, a finales de los 60, dudaba si debía dedicarse profesionalmente a la cerámica o a la canción. Afortunadamente, escogió lo segundo. En sus comienzos fue miembro de Els Setze Jutges y colaboradora de El Grup de Folk, dos formas diferentes de entender la música. Así, Maria del Mar dejaba claro un rasgo que le acompaña hasta hoy: su independencia. Ha flirteado con el rock, el jazz, la balada... pero su eterno amor es el folklore mallorquín, y por extensión el del mediterráneo. Mujer de sólida coherencia, que pone al día la música popular sin necesidad de electrificarla o hacer concesiones a la moda, ha ganado profundidad de mar en su voz e interpretación con el paso del tiempo. Cantando siempre en catalán, ha viajado con éxito por casi todo el mundo.
Texto extraído del libro RETRATOS DE CANTANTES. Sección en construcción
|